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Sin provenir de una familia de campo, Luis Leonetti se convirtió en un referente de la actividad. También cría cerdos.

Escuche a continuación el audio de la nota completa a Luis Leonetti.

Productor o ganadero se nace o se hace?. El caso de Luis Leonetti (76), ingeniero agrónomo, es paradigmático. Si bien le gustaba el campo, no proviene de una familia agropecuaria, con lo cual arrancó de cero hasta llegar a las 600 hectáreas propias de la actualidad que posee en Bolívar.

Otras épocas, sin duda mucho menos tecnológicas que la actual, pero con márgenes mucho más atractivos. “Tuve la oportunidad de trabajar un campo grande, que no era mío y ahí empecé, allá por 1971. Me fue muy bien, trabajando con mucha menos tecnología y con menos gastos que hoy. Con muy pocos rindes, alcancé a comprar la misma cantidad de campo que trabajaba, casi 600 hectáreas y lo hice en 5 años”.

Aunque se dedicó también a la agricultura, define a la ganadería como su fuerte. Leonetti iba a la feria en Bolívar y compraba las vacas con cría con 6 meses de plazo. “La economía estaba estable. Se podía ganar plata. Llegaba una vaca con cría y el día que había que pagar la vaca se la vendía y uno se quedaba con el ternero como ganancia. Creo que todos lo que tenemos esta edad añoramos lo que pasó”.

La nostalgia y la comparación con el tiempo pasado es una constante en la conversación con ESPACIO PRIMIA.

“Si hoy tengo que cambiar un alambrado lo pienso dos veces, y el campo es mío. Las cosas han cambiado lamentablemente para este tipo de cosas para más. Antes uno podía aspirar a muchas cosas, trabajando y teniendo un poquito de suerte, porque el campo requiere de dos cosas: trabajar y que lo acompañen el clima y la política. Para que uno le vaya bien lo ideal sería alinearse la política con el clima y el trabajo, por supuesto. A veces con uno se puede pelear, pero con los dos en contra no, y los hemos tenido. Como también hubo épocas de grandes rindes y grandes valores”.

Entre sus mayores aciertos recuerda que en 1982 entregaba un campo arrendado. Como podía hacerlo en enero o marzo dependiendo de la cosecha, optó por sembrar trigo “porque sabía que no fallaba”. Tuvo tanta suerte que ese año hubo una cosecha impresionante. “Con 600 hectáreas de trigo compré 100 de campo. Pero era todo mío, había sembrado con mi máquina, con mis semillas, no se fertilizaba, no había problemas de malezas, se pasaba el avión al final.

“El trigo me dio 3.000 kilos; hoy día con 7.000 kilos hacés las cuentas finito y perdés. Por qué? Porque hay muchos gastos, impuestos, cosas que dificultan”.

Leonetti afirma estar bien. “Pero me parece que mereceríamos tener un poco más. En cualquier lugar del mundo con 100 hectáreas sos un bacán y nosotros estamos muy lejos de eso. Yo no quiero ser un bacán, quiero pasarla bien para poder darme los gustos. Hacer el alambre nuevo, por ejemplo, ahora hace años que no pongo un palo”.

Divide las 600 hectáreas aproximadamente en mitades entre agricultura y ganadería. “Con la ganadería aprovecho lo que me deja la agricultura. Todavía tengo vacas en el rastrojo de maíz, comiendo la chalita que me va quedando. La ganadería es lo que me ha sustentado más. La agricultura te obliga a mirar para arriba todo el tiempo”.

La actividad ganadera es de ciclo completo, con producción propia más algo que se compra en la feria. “Mi objetivo es vender un animal gordo por día”.

La cría es a pasto. El ternero macho se cría lo más posible y se engordar en la última etapa para venderlos cerca de los 500 kilos de peso. “Hasta el engorde es mío; después es de varios. Al año y pico pesa 300 kilos lo pongo a engordar a 380/400 kilos; el último tiempo lo comparto con el que me vende los alimentos caso Primia, con el núcleo, porque el cereal se lo doy yo”.

Dentro de la organización de su rodeo, Leonetti cuenta con un feed lot pequeño que funciona de manera continua todo el año. “Vendo novillos y los repongo enseguida. Tengo 200 y pico vacas y no me alcanza para tener los animales que vendo por año; entonces, los compro lo más chiquitos posible. Jamás compraría un novillo de 200 kilos, aunque sea regalado. Yo lo llevo al campo y lo alimento”.

Hace destete precoz; al ternero que está con la madre “lo sacamos a los tres meses y mejora con esta comida más que con la madre”. En el caso de las vacas, están “amontonadas en el campo y mal, van comiendo lo que va quedando. En el chalar de maíz donde están las vacas antes estaban los terneros que se comieron las espigas que cayeron y algún ‘yuyito’. A las vacas le queda el tronco de maíz; están bien, pero hay que estar atentos, obviamente, porque por ahí hay vacas que no le gusta o tienen algún problema y hay que sacarlas.”

Otra de las claves en el manejo de su rodeo es que se da a lo largo del año. “A mí los terneros no se me agusanan. Es más fácil criar un ternero en primavera que en enero. A mí me nacen en enero, pero eso requiere una cuota de atención. A lo mejor no se cría tan bien como en el de primavera pero tenés terneros todo el año y todo el año para venderlos. No podes vender todo junto en un país como éste”.

Leonettti también es histórico criador de cerdos. “Empecé con eso. Hasta tuve cabañas cuando todavía no tenía campo”. En esas épocas fue encargado en la Rural de Bolívar, jurado en Palermo y delegado argentino en reuniones en Brasil por el tema importación de cerdos.

“Nos perjudicó mucho Brasil. Ahora, al contrario, no sabemos qué hacer. China se lleva todos los chanchos de la región y del mundo. Acá no quedó ningún chancho que no sea de un criadero grande, en escala. Acá hasta para conseguir un domingo hay que buscarlo”.

Entre los aspectos más negativos para la actividad Leonetti resalta el financiero. Recuerda sus épocas de tasador de los bancos, cuando “había una cola de gente pidiendo créditos para el campo, cosa que ahora no se ve. Había créditos para retención de vientres, para vaquillonas, para vacas. Si uno perdía hacienda por algún motivo, tenía oportunidad de ir al banco y prendar 100 vacas y comprar 100 vaquillonas. Las pagaba en 5 años con un interés razonable.

“Las tarjetas eran una opción de créditos, el que no la usaba era un chambón. Se financiaba toda la campaña comprando semillas y fertilizantes. Pero vas al banco ahora y es una entidad que paga sueldos y recibe depósitos. Dar créditos, a nadie. Al gerente del banco no lo conocen. Ante era un tipo respetable; lo invitaban a los asados, sabía manejarse, conocía a la gente”.

Leonetti conoce a Primia “desde que empezaron” porque el necesitaba “comprar la harina de soja para los chanchos. Arrancamos ahí antes que empezaran con el balanceado”.

En la actualidad compra núcleo para cerdos y vacas. “Acá toda la gente es amable y trata al cliente de una manera muy especial. El balancero, el que barre”. Además resalta: “Esta gente es muy prolija. La fábrica de alimentos balanceados es una clínica”.

Al concluir la charla con ESPACIO PRIMIA espera que “a nadie se le ocurra ponerle trabas a la producción en el campo. Porque el campo es el que puede salvar más rápido. Macanudo con Vaca Muerta y la minería, pero el campo te salva de un año para el otro”.

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