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Recomendaciones del consultor Fernando Bargo/Claves: igual cuidado e importancia al manejo y alimentación de cada una de las categorías.

El doctor Fernando Bargo, consultor externo de empresas, brindó una amplio panorama con respecto a las ventajas de la intensificación de la recría de vaquillonas.

Al respecto recomendó lograr “una menor edad a la primera parición (22 a 24 meses) y maximizar el potencial genético de las vacas, comprometido cuando las vaquillonas no logran el peso adulto adecuado”. Según datos del nutricionista australiano Dr. Ian Lea (invitado por Elanco Animal Health para Mercoláctea 2004), un kilogramo extra de peso vivo resulta en 5 kilogramos de leche extra por lactancia.

Entre otras ventajas de disminuir la edad al primer parto de 30 a 22 meses  el especialista mencionó: “reducción de los costos de mantenimiento que son muy importantes en vaquillonas de más de 24 meses de edad, oportunidad de vender vaquillonas, oportunidad de expandir el rodeo, oportunidad de retener las mejores vaquillonas e ingreso más temprano de las vaquillonas al tambo”.

Categorías problemáticas

Bargó indicó que “un correcto manejo de la recría requiere de un programa donde se debe prestar igual cuidado e importancia al manejo y alimentación de cada una de las categorías”. Estas, sin incluir la guachera, son:

Recría I (70 a 150 – 250 kg PV): a la salida de la guachera entran en esta categoría que termina con un peso vivo según el tambo pero que varía dentro de 150 a 250 kg. El principal problema es el control y prevención de la coccidiosis al pasar de una crianza individual a una grupal para lo cual se utiliza con muy buenos resultados el Rumensin. En general y para la mayoría de los tambos no se observan problemas y se obtienen buenas ganancias de peso de aproximadamente 800 g/día con una alimentación a base de grano de maíz, un núcleo proteico con minerales y vitaminas y un 10% de rollo picado.

Recría II (150 – 250 a 350 kg PV): esta etapa va hasta el peso con el cual se empieza a dar servicio a las vaquillonas (340 a 380 kg PV). A partir de esta etapa se busca lógicamente abaratar el gasto en alimentación pero se cometen errores de manejo. El problema en esta categoría y la siguiente no es el uso de una dieta más barata sino un mal manejo. En esta etapa es cuando comienzan los problemas de bajas ganancias de peso ya que las vaquillonas son llevadas a otra parte del campo o a otro campo donde pastorean pasturas de mala calidad (llorones, bajos) y se descuida el manejo.

Recría III (350 a 550 – 600 kg PV): etapa final de la recría hasta la parición. Igual que en la categoría anterior se descuida el manejo y la alimentación y se obtienen bajas ganancias de peso en una categoría muy importante ya que la vaquillona no solo está creciendo sino también que está preñada y con un feto que crece en forma exponencial.

“El problema de la recría en la generalidad de los casos –sintetiza Bargo- se encuentra en las categorías de Recría II y III cuando después de una buena Recría I se busca abaratar la dieta pero básicamente lo que se hace es descuidar el manejo y la alimentación y pasamos de ganancias de 800 g/día a ganancias de 200 a 300 g/día resultando en primeras pariciones a los 30 meses. Por lo tanto, para lograr pariciones a los 22 – 24 meses es necesario intensificar el manejo y la alimentación de estas dos categorías”.

Foto 1. Terneras de Recría II pastoreando rastrojos de maíz.

El punto de arranque en la mejora de la recría de vaquillonas es definir metas y objetivos de peso y edad y, en función de los mismos, ganancias de peso a obtener. “Esto es básico pero fundamental ya que del cumplimiento estricto de dichas metas va a depender el resultado final –remarca el especialista-. Si no somos muy estrictos en cumplir estas metas nunca vamos a salir de la discusión teórica de mejorar la edad del primer parto de las vaquillonas. En la Tabla 1 se detallan los pesos, edades y altura de cruz para obtener pariciones a 22 – 24 meses en vaquillonas de raza Holando y Jersey. De la misma se observa que para lograr dicha edad al primer parto debemos manejar y alimentar las vaquillonas Holando de manera de lograr en promedio ganancias de peso vivo de 0.750 a 1 kg/día”.

  Holando Jersey
Edad 1er Parto, meses 22 a 24 22 a 24
PV posparto, kg 570 a 610 430 a 450
Altura cruz parto, cm 135 a 145 125 a 130
Edad 1er Servicio, meses 13 a 14 13 a 14
PV preñez, kg 340 a 390 270 a 300
Altura cruz preñez, cm 120 a 130 110 a 120
Ganancia PV, kg/d 0.75 a 1.0 0.55 a 0.65

Tabla 1. Edad, peso vivo (PV) y altura de cruz para vaquillonas Holando y Jersey que paren a los 22 – 24 meses.

Requerimientos nutricionales de las vaquillonas

Los requerimientos nutricionales de la recría de vaquillonas pueden agruparse en 5 aspectos: consumo, energía, fibra, proteína y núcleos (mineral, vitaminas y Rumensin). El consumo es el factor más importante sin dudas y debe ser a voluntad para asegurarnos adecuadas ganancias de peso vivo. Si bien el NRC (2001) definen consumos que andan en el orden del 2.5 a 2.7% del PV en la realidad se observan consumos más altos y del orden del 3 a 3.3% del PV. Dado que se trata de animales en crecimiento y que por lo tanto van aumentando el consumo, es fundamental monitorear y estimar el mismo, por ej. a través de la lectura de comederos. También es muy importante trabajar con corrales homogéneos en cuanto a tamaño y peso de los animales.

En lo referido a energía la fuente más común es el grano de maíz. La concentración energética de la ración debería ser de 2.5 Mcal/kg MS de energía metabolizable (EM). La cantidad de maíz a incluir en la ración va a ser función de la calidad y contenido energético del silo de maíz que puede variar de 2.0 a 2.4 Mcal/kg MS de EM. El uso de silo de maíz brinda fibra a la ración, diluye la energía y sobretodo abarata la ración. Otras fuentes de fibra incluirían heno de buena calidad y silo de soja que además proveerían proteína barata y de buena calidad.

Es fundamental balancear la energía con la proteína para evitar que este nutriente sea limitante ya que queremos lograr vaquillonas con buen desarrollo de músculo y hueso. Un buen balance de energía/proteína también es importante para evitar engrasamiento de la glándula mamaria con altas ganancia de peso. Los niveles de proteína requeridos son mayores cuanto más chico es el animal y van disminuyendo a medida que crece, con un aumento de los mismos cuando el animal queda preñado y el feto empieza a crecer en forma marcada. Habría que apuntar a valores de 18% en la Recría I, 15% en la Recría II y 14% en la Recría III para ganancias de peso de 900 g/día. La calidad de las fuentes proteicas también es más importante en los animales más chicos y va disminuyendo a medida que crecen. Podría pensarse en usar harina de soja en la Recría I, expeller de girasol en la Recría II y expeller de girasol y urea en la Recría III.

Finalmente el especialista señala que proveerse a las vaquillonas con un núcleo de minerales, vitaminas y Rumensin. El Rumensin cumple un rol muy importante con efectos positivos en control y prevención de coccidiosis, aumento en la eficiencia de conversión (kg alimento/kg peso vivo) y disminución en la edad al primer servicio y parto.

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