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El veterinario Carlos Aureano cumplió su sueño de capacitarse en Nueva Zelanda y ahora ejerce la actividad en Urdampilleta, su lugar en el mundo.

 

La Querencia es mucho más que el nombre de fantasía de su local para el veterinario Carlos Aureano (32). Urdampilleta es su lugar en el mundo y el ámbito desde donde desea trascender laboral y humanamente, aún cuando durante varios años vivió a miles y miles de kilómetros.

En su encuentro con ESPACIO PRIMIA cuenta que tras recibirse de veterinario en la UBA eligió ir a formarse a Nueva Zelanda, sabedor que ese país es el primer exportador de leche en el mundo y que además siempre requiere mano de obra.

“Fui con un inglés bastante básico; empecé a trabajar en un tambo y luego en una veterinaria como asistente. Trabajaba seis días en el campo y dos en la veterinaria. En el tambo hacía de todo: sanidad, atención de partos, inseminación; lo que no hacía era transferencia embrionaria”.

En ese tambo  (intensivo y cabaña) tuvo una experiencia “muy linda, fue un gran crecimiento personal, me fui sin trabajo y sin visa. Es diferente al viaje que hacen muchos por un año con una visa de paseo y de trabajo”.

En su regreso al terruño trabajó un tiempo en una empresa de nutrición y luego casi tres años con un veterinario en Urdampilleta. Finalmente, ya independizado, hace 6 meses abrió la veterinaria propia.

“Todo a pulmón, arrancar es difícil, si bien la gente te conoce y te da trabajo ya tiene su veterinario –resalta Aureano-. No es como un kiosco o un supermercado que hoy vas a uno y mañana a otro, más en un pueblo chico. Es medio difícil romper ese esquema, uno la viene remando, de a poco, los clientes van cayendo y uno les demuestra lo que hace”.

Si bien hizo la especialidad en grandes animales, en un pueblo te puede tocar “desde atender a una tortuga hasta inseminar a 900 vacas”. Pero de a poco la gente lo va llamando para los trabajos de campo que es lo que más le gusta. “Por ahí haces una urgencia, una cesárea y ya te tienen en cuenta para el parto, la inseminación. Estoy muy contento, es mi espacio”, expresa.

En su zona de labor (Urdampilleta y alrededores) predominan explotaciones de 150 a 200 hectáreas. “Son productores relativamente chicos, hay muy pocas estancias grandes”.

Interrogado sobre los desafíos que implicó llegar a los productores señala que “uno va haciendo escuela, les explica y la gente va cambiando la idea. La gente grande no encerraba animales, era todo pastoril y de a poco va aceptando la tecnología y el conocimiento”.

Todo eso se profundiza en un pueblo chico con una estructura de trabajo que es difícil romper para hacerla más eficiente.

“Veo que a veces (lo que él plantea en términos de asesoramiento) choca y lo vas viendo generacionalmente como cambia hacer las cosas desde un punto más profesional. Los chacareros más chicos estaban acostumbrados a no tener el asesoramiento de un ingeniero agrónomo o un veterinario. Lo hacían como lo hacía el vecino o su papá. Yo veo este cambio generacional, las nuevas generaciones son más permeables a la información y al asesoramiento. Que venga un flaco a revisarte el rodeo o a ayudarte en el acostumbramiento de un feed lot era algo impensado para los productores chicos. Y hoy te llaman y uno va tratando de hacer escuela y la gente va cambiando la idea”.

Entre los avances logrados últimamente en la genética Aureano destaca la consolidación de la IATF (Inseminación Artificial a Tiempo Fijo), que “cambió bastante la forma de trabajar en cría. De a poco van incorporando genética; de cualquier forma en los productores chicos hay muchas cosas que mejorar antes que incorporar genética. Tengo productores que no tienen estacionado el servicio, que quieren inseminar pero no tienen un montón de prácticas sencillas para mejorar sin la incorporación de genética, que le van a dar mucha más renta económica.

“Los que son más permeables a la información incorporan la IATF, genética. Los grandes son más eficientes que los productores chicos y debería ser al revés para ser más sustentables en el tiempo”.

Aureano trabaja con más de 200 productores de la zona; muchos de ellos chicos, con 40 a 60 vacas. “De a poco los vas ayudando a ser más eficientes. A estacionar el servicio, pero si le sacás los toros de golpe, de qué viven al año siguiente”.

Otra particularidad es que está apareciendo en la zona gente que no era del rubro que está empezando con el encierre a corral. “Cinco o seis productores se compran una quinta, compran terneros, se van embalando y hacen engorde. Pero hay que comprar terneros, maíz, núcleo y alguien que lo asesore y los números son mucho más finos”.

Carlos Aureano conocía Primia como competidor cuando trabajaba en una empresa de nutrición. “Sabía que tenían buen producto y buen precio y por eso arranqué con ellos. Me contacté con el gerente comercial y hace 6 meses, cuando abrí, empezamos a trabajar”.

De la incipiente relación transmite una buena expectativa a futuro: “hay buen precio y buena calidad. De a poco vamos a ganar los clientes a la competencia si al precio y a la calidad le cumplimos cuando necesitan un producto. En  un pueblo es todo un boca a boca. Ayer cayó un cliente nuevo porque un vecino engorda con Primia. Es un proceso, de tiempo, de hacer las cosas bien, tarde o temprano los clientes caen”.

En cuanto al manejo de nutrición que realizan los productores que asesora indica que es bastante sencillo: “el engorde es con maíz y concentrado al 10%, no abren mucho la fórmula. En vez de un concentrado para usar un núcleo se necesita una infraestructura mayor, entonces el productor piensa para que invertir en un mixer si dentro de 6 meses no se sabe si va a seguir engordando”.  De esta manera, “cargás el silo y sabes que por varios días ya tenés autonomía”.

Aureano puntualiza que esta nutrición funciona “siempre y cuando hagas una buena adaptación”. En su carácter de profesional se encargar de armarla y asesorarlo para que tengan un buen acostumbramiento que lleva luego a un buen engorde.

En el tramo final de la conversación surge la inestabilidad que lamentablemente afecta al país. “Con el cambio de Gobierno mucha gente no encerró pensando en que valor iba a vender. Esa inestabilidad del país incide y lo comparo con nueva Zelanda, donde pactabas el precio de la leche con un año de anticipación. Entonces vos sabías cuantas vaquillonas ibas a tener el próximo año. Acá entrás a encerrar un novillo y no sabés que vas a cuando lo vas a vender cuando salgan dentro de 90 días” subraya marcando las enormes diferencias que lamentablemente separan a ambos países, casi como los miles de kilómetros entre uno y otro.

En cuanto a la coyuntura política y económica, considera que si bien “hay mucha incertidumbre con el cambio de gobierno” en la zona la ganadería está retomando su espacio, tras haber sido desplazada por la agricultura, aún en campos mixtos. “La gente va volviendo a la ganadería y va a apostando. La ganadería lleva un tiempo, la gente está dejando cada vez más madres”, sostiene, satisfecho.

Veterinaria La Querencia

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